Os hablo de la historia de Marcos Martínez Pantoja, un niño que nació en 1946 en el pueblo de Añora, en Sierra Morena, allá por Andalucía. Corr
ían años malos, era la postguerra, y sobretodo para la España rural eran tiempos muy difíciles. Siendo el menor de tres hermanos, su madre
falleció y su padre se vió obligado a dar a sus dos hermanos mayores al cuidado de unos familiares.
Acabó juntándose con otra mujer que no quería al pequeño Marcos, que contaba solo con 7 añitos, obligándolo a robar bellotas y a cuidar de los cerdos, y raro era el día que no le propinaba alguna paliza.
Ante la mala situación en la que estaban, viviendo en una choza hecha de palos, sin dinero y en tan malas condiciones, el padre de Marcos vendió al joven por unas pocas pesetas a un viejo pastor que vivía en la montaña, para que le ayudara a cuidar de las cabras.

El anciano vivía casi como un salvaje, las conversaciones que mantenían eran prácticamente nulas, y casi la mayoría de las veces, comían algún conejo que cazaba el hombre, que partía por la mitad, dándole su parte al muchacho que tenía que apañarse e incluso comérselo crudo muchas veces.
Pero un buen día el anciano desapareció, dejando a Marcos solo en mitad de Sierra Morena. El joven se vio obligado a apañárselas como podía, se refugió en un viejo caserón abandonado medio derruido, pasando luego a una bocamina. Y aprendió a cazar de una forma peculiar...se lanzaba sobre los ciervos armado con un palo y los golpeaba hasta que los mataba, les quitaba la piel para abrigarse y luego se comía la carne.
Claro está, que los lobos no tardaron en aparecer (por entonces aún quedaban lobos en los montes españoles...) así que compartía con ellos la comida hasta que poco a poco lo fueron aceptando como uno más de la manada.

"Para cazar, me escondía junto al río y cuando bajaban los ciervos me montaba encima de ellos, les daba un golpe con un palo y llamaba a los lobos. Aullaba
y venían cuando lo necesitaba. Luego, le quitaba la piel, le sacaba las tripas, y me la ponía encima para abrigarme. Las moscas y las avispas venían detrás mía". Y así pasó 12 años, viviendo en Sierra Morena, hasta que un guarda forestal divisó a un ser medio
hombre, medio animal, con el pelo por la cintura y envuelto en pieles de venado.
Marcos fue "capturado" y llevado de nuevo a la civilización, dónde en un convento de monjas le enseñaron a hablar (ya que solo sabía decir unas pocas palabras), a comer con cubiertos...vamos, lo "civilizaron".
Hoy en día, con 64 años, Marcos aún recuerda esos 12 años con cariño, de los que dice haber aprendido más en la naturaleza que en todos estos años en la civilización, y en palabras suyas "Ahora ya voy comprendiendo las cosas, pero al principio era criminal. Era imposible aguantar tanto ruido, tanto jaleo. Era como un bicho que sueltan en la ciudad. Al principio tuve muchos problemas. Si tenía hambre me metía en un bar para comer. Pero no sabía que había que pagar y tuve un montón de conflictos".

Ahora vive en Orense, trabajando de casero en un cortijo donde se encuentra muy agusto y todo el mundo lo
quiere. Pero aún hoy, cuando sube al monte y aulla, los lobos acuden a su llamada reconocién
dolo como uno más de ellos.
Se ha hecho una película recientemente sobre su historia, "Entre lobos", con Juan José Ballesta, e incluso donde el propio Marcos tiene un cameo interpretándose a él mismo hoy en día, e incluso el propio Marcos publicó un libro con su historia llamado "He jugado con lobos".
Una historia increíble de supervivencia. Si lo habéis leido gracias XD, y si no, pues nada, odio y rencor eternos xD.
2 comentarios:
Vi hace tiempo un documental sobre esta historia y la verdad es que me quedé también flipado, una historia realmente bonita y única.
si,yo hace tiempo que la conocía,pero aún y así me deja siempre flipando, un criajo de 7 años, solo en mitad del monte, y consigue aguantar 12 años ahí y porque lo cogieron, si no, aún seguiría corriendo y matando ciervos.
Una pasada de historia.
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